Los retos del regulador

A estas alturas todos somos conscientes de los grandes cambios que se han producido y continúan produciendo en el sector financiero, podríamos decir incluso que se trata de una revolución. Tras un proceso de restructuración bancaria debido a la crisis financiera, que ha conllevado fusiones de varias entidades y con ello cierre de sucursales, hemos visto la aparición de la banca móvil, nuevos players como las Fintech o BigTech o incluso nuevas monedas digitales (criptoactivos).

Ante este nuevo escenario los reguladores, en el caso de España la CNMV y Banco de España, tienen que adaptarse de manera rápida y efectiva a los cambios. Hasta ahora, esta adaptación al nuevo entorno digital ha consistido en ir poniendo “parches digitales” a una legislación creada en un entorno analógico. Sin embargo, esa es una solución cortoplacista y con poco recorrido, por lo que es necesario la creación de una regulación nativa digital.

Esta tarea no es sencilla e implica el denominado “dilema del regulador” en el que tiene que buscar un equilibrio entre permitir y promover la innovación y mantener unas practicas y metodología que ha funcionado hasta la fecha, pero que inevitablemente está quedando desfasada.

A grandes rasgos, en mi opinión algunos de los principales retos a los que se enfrentan los reguladores, y por supuesto los políticos que al final son los que crean las leyes, son:

Análisis de riesgo: Es necesaria evolucionar de un sistema o regulación basada en normas y engorrosos procedimientos administrativos a uno basado en el análisis intensivo de los datos y uso de inteligencia artificial. De esta forma se podrían monitorear las transacciones, realizar análisis de conducta y patrones de mercado. Es el llamado “Regtech” .

Capital humano: Si la regulación es cambiante y se debe adaptar a los nuevos tiempos, los perfiles de los profesionales del sector también. Es necesaria la contratación de especialistas en análisis de datos, inteligencia artificial o innovación, perfiles que actualmente es están incorporando en el sector privado. Esto no es fácil e implica un cambio de cultura dentro de la Administración.

Agilidad. Los reguladores tiene que ser capaces de dar respuesta a las nuevas necesidades de una manera rápida, de forma que creen un entorno regulado y “seguro” para los nuevos negocios o productos que se vayan creando. En este sentido, en España creo que existe voluntad de adaptación, como hemos visto con la regulación de las Plataformas de Financiación Participativa o la creación de un sandbox. Sino logramos crear un entorno que permita innovar y a la vez cree cierta seguridad a los clientes o inversores, los nuevas empresas se marcharán en busca de países con una regulación mas amigable.

Visión europea: En el caso de la Unión Europea, se debe ir hacia una regulación común, que facilite a las nuevas entidades su expansión por el continente. Si queremos estar al mismo nivel que USA o China, las nuevas entidades deben ser ambiciosas y tener una visión paneuropea. El regulador debe ayudarles en esta misión. ¿Tiene sentido, por ejemplo, que una Fintech esté regulada en cada uno de los países en los que opera? ¿No sería mejor que sólo tuviese que realizar este trámite una sola vez para poder operar?

Estos son sólo algunos de los diversos retos a los que debe hacer frente el regulador y, por supuesto, existen más y surgirán más en la medida que nos encontramos en un sector dinámico y en continuo cambio. Todo un desafío apasionante.